El ataque de Estados Unidos e Israel a Irán y la posterior reacción del régimen iraní han provocado en los últimos días una escalada del precio del petróleo que ya se ha hecho sentir en los surtidores de las gasolineras y en el bolsillo de los ciudadanos.
El conflicto bélico en Oriente Medio ha limitado sustancialmente la navegación en el Estrecho de Ormuz, fundamental para el envío de petróleo y gas. Por esta vía, transitan uno de cada cinco barriles de petróleo y la mayoría de los volúmenes no dispone de rutas alternativas para salir de la región, por lo que cualquier interrupción que se produzca tiene un impacto inmediato sobre el mercado energético y la economía mundial.
A consecuencia de ello, el precio del Brent había llegado a alcanzar los 118 dólares por barril, aunque el reciente anuncio del presidente estadounidense, Donald Trump, de que la ofensiva contra Irán está "prácticamente terminada", ha tenido un efecto inmediato en los mercados.
Así, a falta de confirmar la veracidad de sus palabras y tras una caída de algo más de un 5%, el Brent se situaba esta mañana por encima de los 93 dólares, aunque aún sigue muy por encima de los 72 dólares que marcaba antes del ataque. Por su parte, desde Irán ya han respondido a Trump que son ellos quienes decidirán cuándo termina la guerra.
Asimismo, a pesar de las advertencias del mandatario sobre el bloqueo del Estrecho de Ormuz, la Guardia Revolucionaria ha prometido dejar pasar a los buques de los países europeos que expulsen a los embajadores de Estados Unidos y de Israel.
Todo esto se produce en el contexto de una reunión de los ministros de Economía y Finanzas de los países del G7, que han valorado liberar reservas estratégicas de crudo coordinadas por la Agencia Internacional de la Energía, aunque finalmente no han adoptado una decisión efectiva. Por su parte, hoy estaba prevista también una reunión de los ministros de Energía.
Incertidumbre entre empresas y consumidores
El impacto de este tipo de conflictos en los precios del combustible, como ya sucedió con el estallido de la guerra de Ucrania, ha hecho que la energía se convierta en uno de los principales factores de incertidumbre para las empresas europeas. Como explican desde ERA Group, las interrupciones en rutas energéticas y comerciales vinculadas al Golfo Pérsico pueden tensionar las cadenas de suministro globales, obligando a las empresas a hacer ajustes en su planificación financiera o sus decisiones de inversión.
De hecho, la volatilidad en los mercados energéticos tiene un efecto directo sobre el transporte y los costes industriales, por ejemplo, lo que al trasladarse a los precios finales puede contribuir también a la presión inflacionaria. Precisamente, el Congreso tumbó hace unos días un real decreto-ley que habría permitido al Ejecutivo fijar topes a los precios de determinados productos y servicios esenciales en situaciones de emergencia internacional.
En este contexto, Facua ha acusado a las gasolineras de aprovechar la volatilidad del crudo para inflar sus márgenes y ha reclamado al Gobierno que intervenga para frenar lo que considera un comportamiento especulativo, pues denuncia que las subidas no guardan proporcionalidad con la evolución del precio del crudo.