Una incidencia en la infraestructura ferroviaria entre Vilanova i la Geltrú y Sitges obligó a circular por vía única durante buena parte del día y alteró el servicio de Rodalies R-2 Sur y de los trenes Regionales de Tarragona. La avería se originó después de una obra de mantenimiento nocturna en la que un tramo de carril quedó sustituido pero sin soldadura ni bridas, por lo que no quedó correctamente fijado.
La anomalía deja una contradicción operativa relevante para el transporte de mercancías. La limitación temporal de velocidad de 60 km/h se aplicó como medida de seguridad habitual tras la obra, pero el punto seguía con el carril desalineado y la separación aumentó durante la mañana hasta que un maquinista detectó el fallo.
La circulación por vía única alargó tiempos y redujo margen para trenes de mercancías
Para los operadores de mercancías, una restricción de este tipo reduce capacidad de paso en un tramo ya condicionado por la explotación en vía única.
Eso traslada el problema a la planificación diaria. Cuando una línea pierde una de sus vías y además impone velocidad reducida, aumentan los tiempos de recorrido, se estrecha la ventana para cruces y maniobras y crece el riesgo de retrasos en cadenas con horario cerrado.
En trayectos con origen o destino en Tarragona, el efecto no se limita al tren afectado.
También puede alcanzar rotaciones de material, entregas en terminal y conexiones posteriores por carretera, como ocurre en la gestión del tráfico ferroportuario cuando la capacidad disponible depende del encaje horario entre infraestructuras, terminales y empresas ferroviarias. Una incidencia en ese engranaje obliga a recolocar circulaciones y puede desplazar costes al último tramo logístico.
El fallo en la revisión posterior a la obra elevó el riesgo hasta que lo detectó un maquinista
Adif sostiene que la limitación temporal de velocidad forma parte de la operativa habitual tras trabajos de mantenimiento porque permite detectar posibles problemas de seguridad.
Aun así, el incidente señala un fallo en los protocolos de revisión posteriores a la obra. El carril había sido sustituido, pero quedó sin la fijación completa, de modo que la medida preventiva no evitó por sí sola que la separación aumentara con el paso de las horas.
Primero circuló el tráfico con la restricción de 60 km/h y después afloró la anomalía en un elemento esencial de la vía.
Ese encadenamiento complica la lectura para los cargadores y operadores ferroviarios, porque la obra debía devolver fiabilidad al tramo y acabó introduciendo una incidencia capaz de alterar servicios de viajeros y movimientos de mercancías. En paralelo, Adif mantiene abiertos trabajos y contratos ligados al mantenimiento del Corredor Mediterráneo y de sus terminales logísticas.
La detección por parte de un maquinista evitó consecuencias más graves y permitió mantener la circulación por una sola vía mientras los equipos reparaban el punto afectado.
El tráfico normal quedó restablecido a las 16:55 horas, después de varias horas de servicio condicionado entre Vilanova i la Geltrú y Sitges.