Tras conocerse la estrategia final de la Organización Marítima Internacional, OMI, para la descarbonización del transporte marítimo, la Asociación de Armadores Europeos, Ecsa, ha mostrado su total apoyo a la iniciativa, que supone que el transporte marítimo será el primer sector que adopte medidas concretas para la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero.

Para ello, se ha establecido un límite del 0,5% de azufre en los combustibles marinos que deberán cumplir para 2020, lo que obligará a numerosas navieras a pasar de los combustibles fósiles a productos desconocidos menos contaminantes. La demanda para estos nuevos combustibles llegará a los 233 millones de toneladas anuales una vez entre en vigor la normativa.

A corto y medio plazo, la intención es seguir avanzando en nuevas medidas, para poder seleccionar e implementar las más efectivas lo antes posible. La OMI ha planteado la necesidad de realizar diseños de buques orientados a la eficiencia energética, y disminuir las emisiones de CO2 en un 40% para 2030 y en un 70% para 2050 en relación a los niveles de 2008.

En cuanto a los gases de efecto invernadero, deberían reducirse al menos en un 50% para 2050 respecto a 2008, persiguiendo el objetivo de eliminarlos por completo y siempre de acuerdo a lo planteado en el Acuerdo de París para frenar el calentamiento global.

Poca información sobre los nuevos combustibles

Un informe de la consultora CE Delft establece que las refinerías están trabajando para cumplir con los nuevos estándares, pero no estarán preparadas en un periodo cercano, dado que aún se desconoce cómo serán estos combustibles.

BP ha presentado dos nuevos para el mercado europeo y ExxonMobil está trabajando en el desarrollo de varios, pero no ha especificado cuántos. Por su parte, Cepsa prepara un único combustible de este tipo para los buques que visiten España, mientras que Total está ya realizando pruebas en sus laboratorios.

La información en este sentido es muy importante, dado que los ingenieros navales necesitan saber cómo funcionarán sus buques, mientras que los clientes de servicios de bunkering necesitan planificar el tipo de combustible que tendrán que adquirir y en qué puertos lo harán.

De momento, tampoco existe garantía de que unos combustibles sean compatibles con otros, por lo que mezclados en el mismo tanque podrían bloquear los filtros y provocar daños en el motor.

Quedan menos de dos años para que la industria tenga que adaptarse a esta nueva legislación y prácticamente no se dispone de información al respecto, mientras las refinerías deben enfrentarse al hecho de que de la noche a la mañana desaparecerá su principal fuente de combustible.