La Asociación Internacional de Transporte Aéreo, IATA, ha advertido de que la propuesta que recoge la nueva política ambiental europea ‘Fit for 55’ para reducir las emisiones de la aviación imponiendo nuevas tasas puede ser contraproducente.

En su opinión, no se necesitan medidas de castigo y precios más elevados en el combustible para motivar el cambio, pues de hecho, las tasas solo consiguen recaudar dinero procedente de la industria que podría invertirse en renovación de flotas o tecnologías más limpias.

Lo que verdaderamente se necesita es que los gobiernos implanten políticas constructivas que incluyan, en lo inmediato, incentivos por el uso de combustible sostenible para la aviación, conocido como SAF, y la modernización de la gestión del tráfico aéreo a través del Cielo Único Europeo.

El SAF permite reducir las emisiones en un 80% respecto al combustible tradicional para la aviación. Sin embargo, una oferta insuficiente y su elevado precio han limitado su adquisición a los 120 millones de litros en 2021, muy por debajo de los 350.000 litros de combustible que las aerolíneas consumen en un año normal.

Por tanto, abaratar este combustible aceleraría la transición energética del sector y mejoraría la competitividad europea. La propuesta ‘Fit for 55‘ no incluye medidas directas para conseguir este objetivo, pero sí establece la obligación de aumentar el uso del SAF en un 2% para 2025 y en un 5% para 2030.

El Plan Corsia y el Cielo Único Europeo

Además, es necesario implementar medidas basadas en el comportamiento del mercado, como el Plan Corsia para la compensación y reducción de carbono en la aviación, para evitar crear un mosaico de medidas nacionales o regionales descoordinadas, como el Sistema de Comercio de Emisiones de la UE.

Por su parte, el Cielo Único Europeo ayudará a reducir las emisiones innecesarias que resultan de una gestión fragmentada del tráfico aéreo y las ineficiencias que suponen. Se calcula que reduciría las emisiones del sector en la zona entre un 6% y un 10%, además de fomentar la seguridad en las operaciones, pero los gobiernos nacionales siguen retrasando su implementación.

En lo que se refiere a las nuevas tecnologías limpias, aunque es improbable que la propulsión eléctrica o de hidrógeno tenga un impacto significativo en las emisiones de la aviación hasta el año 2030, el desarrollo de estas tecnologías requiere también apoyo por parte de la normativa europea.