Abril ha sido un mes duro para el sector del transporte. Mientras que algunos segmentos han visto cómo crecían los volúmenes, otros han parado o se han visto afectados por una crisis sanitaria grave, como es el caso de los autónomos, tan abundantes en el sector.

Las medidas para facilitar la labor del sector también se han ido sucediendo, aunque algunas de ellas con cierto retraso o con más incertidumbres que certezas, como fue el caso a primeros de mes de la necesidad de portar un salvoconducto o no.

De igual manera, también se ha producido cierta alteración cuando, tras la Semana Santa, se puso en duda si los transportes de productos no esenciales no podrían circular.

Al fin y al cabo, todas estas medidas vienen a señalar que, ante la que se avecina, el transporte, que ha tenido un papel destacado en los momentos más duros de la pandemia, volverá al cuarto oscuro en que los políticos de todo signo, la sociedad entera, al fin y al cabo, lo tienen, pese a su papel estratégico.

Pese a todo, el sector ha seguido rodando. La actividad menguó de manera espectacular, tras mantenerse en la segunda mitad de marzo, en los primeros quince días de abril, para, desde entonces repuntar algo, manteniéndose en todo caso lejos de los niveles de actividad que deberían ser habituales para esta época del año.

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En algunos sectores del transporte, el impacto de la crisis sanitaria ha sido demoledor.

El transporte pide cambios legales

En Europa, las medidas se han sucedido de manera heterogénea, aunque entre todas ellas ha destacado la creación de los llamados ‘pasillos verdes’ para facilitar el tránsito de mercancías por toda la Unión.

Sin embargo, lejos de que todo sea de color de rosa, como parece el transporte ha seguido teniendo piedras en el zapato que han impedido su buen funcionamiento en una situación de extrema dificultad, aunque también ha reclamado cambios legales de calado, principalmente en el ámbito de la Ley de Contrato de Transporte.

El peor caso, a juicio de los propios transportistas, es el relacionado con las labores de carga y descarga que, según la opinión del sector, deberían haberse prohibido para facilitar las operaciones de transporte y alejar un riesgo de contagio para los conductores profesionales, aunque, por contra, siguen demostrando la «prepotencia de los cargadores».

De igual manera, en medio del estado de alarma también han regresado las diferencias con las 44 toneladas, una petición de gran parte de la industria que, sin embargo, el sector rechaza consciente del impacto que tendrá sobre el mercado de transporte, algo importante ante el incierto panorama que se abre en los próximos meses, con una recesión en ciernes que amenaza a toda la UE.

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El transporte teme el impacto de que tendría la introducción de las 44 toneladas en un momento tan crítico como el actual.

Europa: cada cual por su lado

Precisamente en este marco de incertidumbre, el Paquete de Movilidad parece vivir esa misma situación inestable y, pese a los vientos en contra que soplan del este y una necesidad perentoria, el expediente ha dado un nuevo paso adelante y ya solo queda pendiente del visto bueno del Parlamento Europeo.

Precisamente en el ámbito europeo se habla insistentemente en buscar una salida coordinada, aunque lo cierto es que cada país viene haciendo de su capa un sayo, como suele ser la habitual cuando vienen mal dadas y como demuestra el caso de Francia con su regulación de las restricciones al tráfico de vehículos pesados y de los tiempos de conducción y descanso.

Desde mediados de marzo, el transporte, y la economía española en general, vive un momento nuevo, en el que las cifras de negocio van a tener otro comportamiento, como ya demuestra fehacientemente la evolución de la afiliación en el sector o sus cifras de paro y contratación laboral de marzo, por ejemplo.

En este mismo sentido, las cifras de creación de empresas también y la confianza empresarial en el sector empiezan a dar las primeras señales claras de los efectos que la crisis sanitaria está teniendo sobre la sociedad y la economía.