Pese a la fuerte oposición de los sindicatos, el gobierno del Grupo Reino Unido sigue adelante con los planes para privatizar el operador postal y darle acceso al capital externo para acometer futuras inversiones, como consecuencia del fuerte crecimiento que viene experimentando, sobre todo en el ámbito del e-commerce internacional, de la mano de GLS, empresa del grupo. Según informa Reuters, el Gobierno británico ha seleccionado a Goldman Sachs y UBS como los bancos que se encargarán de colocar las acciones en bolsa de Royal Mail. 

Ambos bancos se encargarán de la articulación global y de las entidades colocadoras conjuntas, mientras que Barclays y Bank of America Merrill Lynch también serán entidades colocadoras conjuntas.

Los crecientes volúmenes de paquetería impulsadas por las compras de Internet, junto con las subidas de precios y los recortes de costes después de la modernización de sus operaciones, han sido los factores clave para que Royal Mail registre notables ganancias antes de su futura privatización.

En concreto, la compañía paquetera británica ha informado sobre un resultado de explotación de 403 millones de libras en el interanual hasta el 31 de marzo, frente a los 152 millones del año anterior, lo que supone un crecimiento acumulado del 165%.

Se espera, por tanto, que la oferta pública inicial para privatizar la compañía de propiedad estatal oscile entre los 2 o 3 millones de libras, por lo que se convertiría en la mayor privatización de Gran Bretaña en los últimos 20 años. 

El grupo, que incluye tanto el negocio de paquetería urgente GLS como las operaciones postales de Royal Mail, anunció un aumento del 5% en los ingresos y un beneficio operativo después de partidas extraordinarias de 440 millones de libras.  

El negocio de paquetería representa el 48% de los ingresos, y en el interanual hasta el 31 de marzo, este negocio aumentó un 9%, en comparación con los servicios postales cuyos ingresos crecieron un 3%, pero sin embargo el volumen se desplomó un 8%.

El Sindicato de Trabajadores de Comunicaciones, que representa a 120.000 empleados de Royal Mail, ha mostrado su clara oposición a la privatización, y ha advertido que la medida podría poner el servicio universal en riesgo. Asimismo, ha destacado que los buenos resultados muestran que la compañía está progresando y que la privatización no es necesaria.