atasco en los accesos de Paris

El país aspira a reducir sus emisiones de CO2 en un 37,5% para el año 2030.

Es innegable que el sector de la automoción se enfrenta a una auténtica revolución, con la transformación del modelo de movilidad que conocemos ahora, basado en vehículos con motores que utilizan combustibles derivados del petróleo.

Después de las controvertidas medidas contempladas en el anteproyecto de Ley de Transición Energética, ahora es Francia quien se envuelve en la bandera de la electromovilidad como única solución al efecto de las emisiones y prohíbe a partir del año 2040 la venta de vehículos diésel, gasolina, gas e híbridos. En el marco de su nueva Ley de Movilidad, los diputados han aprobado también que las administraciones locales puedan prohibir la circulación a las unidades más contaminantes.

De momento, 23 ciudades galas con una población total de unos 17 millones de habitantes tienen en marcha proyectos de este tipo, lo que acercará al país a su objetivo de reducción de emisiones de CO2, fijado en un 37,5% para 2030.

El 98% de las ventas

El reto es grande, pues los vehículos diésel y gasolina representan actualmente el 98% de las ventas en el país, y los sindicatos de la industria de la automoción ya han alertado de la pérdida de empleos que puede suponer todo esto.

Actualmente, se necesitan cinco personas para la fabricación de un vehículo de combustión, pero solamente tres para un eléctrico, es decir, un 40% menos de personal. Sus peticiones, sin embargo, chocan con las de las asociaciones de medio ambiente, que preferirían que la prohibición se estableciera desde el año 2030.

El Ejecutivo francés, que contempla una inversión de 13.400 millones de euros hasta 2022 en su proyecto, se ha fijado como prioridad ofrecer una alternativa adecuada al uso del vehículo particular. En esta línea, ha aprobado un fondo de 350 millones para triplicar el uso de la bicicleta y construir aparcamientos seguros, entre otras iniciativas.