En la década de los sesenta cosechó fortuna la expresión “España es diferente”; España no era peor ni mejor, era diferente. Se trataba de atraer al turismo internacional hacia un destino cercano pero cargado de atributos “exóticos”. Seguro que muchos recuerdan ese lema que ahora me atrevo a poner en cuestión con el signo de interrogación; hoy en día, esa frase nos suena, siendo benévolos, como poco certera o desfasada.

Nuestro país, en la opinión mayoritaria de cualquier español, está en línea con sus vecinos europeos en casi todos los parámetros socioeconómicos. Sin embargo, a juzgar por lo que se lee y se oye, hay muchísimas personas dentro de nuestro mundillo de la carretera, convencidas de que el sector español “is different” y, además, para mal. ¡Como si no tuviésemos ya suficiente “leyenda negra”!

Por supuesto que existen diferencias con nuestros vecinos, como todos y cada uno de los países de la UE las tienen con sus socios, pero, en las grandes “corrientes de fondo” que nos afectan como sector, no podemos aceptar esa visión “ombliguista” tan extendida entre los que tienen poco contacto con el ámbito internacional. En este sentido, graves desajustes, como la falta de nuevos profesionales o la desproporción entre la presión fiscal que soporta la carretera y lo que las Administraciones destinan a ella, no son exclusivas del sector español, ni siquiera se puede decir que tengan especial virulencia aquí.

Se suele afirmar, con razón, que “el Gobierno sólo nos tiene en cuenta como fuente recaudatoria”. Pues bien, basta pasar los Pirineos para constatar que sólo un tercio de los 40.000 millones anuales que la carretera aporta en su conjunto (vía impuestos, tasas, gravámenes…) a las arcas del Estado Francés, retorna a ella. Para mayor precisión, el transporte de mercancías por carretera que, en dicho país, apenas supera el 6% del tránsito rodado, “carga” con casi el 20% de dicha cifra, según fuentes del sector galo.

Según fuentes sectoriales, en Alemania se estima que un 20% de los camiones están parados por falta de conductor.

En nuestro país, mirando únicamente al impuesto de hidrocarburos, las arcas públicas ingresan más de 10.000 M€ al año, pero, ejercicio tras ejercicio, el presupuesto de Fomento destinado al ferrocarril más que triplica el de carreteras. ¡Y aún hay quien quiere que paguemos por usarlas!

La creciente demanda de movilidad, por otra parte, está poniendo de relieve la falta de nuevas vocaciones en el sector ya que faltan, sobre todo, nuevos conductores. Éste, ni es un fenómeno nuevo, ni es en absoluto un problema particular del transporte español aunque muchos, sobre todo entre los sindicatos y algunas patronales, tratan de reducir a una mera cuestión de precariedad salarial en España. Al contrario, el fenómeno está extendido por todo el mundo.

En países nada sospechosos de baja protección social o precariedad salarial, la falta de conductores es un acuciante problema. Según fuentes sectoriales, en Alemania se estima que un 20% de los camiones están parados por falta de conductor y en Dinamarca, la ITD homóloga de ASTIC en ese país, ha publicado que, en Julio 2018, un tercio de las empresas de transporte y logística experimentó reducciones en la producción debido a la falta de mano de obra.

Así pues, no somos tan diferentes y, lamentablemente, tampoco lo somos en el hecho de que estos problemas parecen no preocupar a nadie, fuera de los propios empresarios del sector. Dicen que para que algo empiece a arreglarse, antes debe llegar al punto de mayor empeoramiento posible. Esperemos que no tenga que ser así, por el bien de todos.

Ramon Valdivia Astic

Ramón Valdivia
Director General de ASTIC

cuadro-final-noticias-para-enlace-al-especial