En todos los ámbitos de la vida existen señales que indican que algo no va bien y que debe ser atajado cuanto antes para que no pasen a mayores.

De igual modo, en el ámbito de la gestión de la cadena de suministro existen una serie de síntomas que delatan cuándo la logística no está a tono y que Gartner ha reseñado en un estudio de reciente aparición.

El primero de los detalles que delatan el mal funcionamiento de la gestión logística es una excesiva intervención manual, algo que delata que los procesos no se han automatizado correctamente y la mano humana tiene que intervenir para corregir aquello que no encaja adecuadamente.

El segundo síntoma tiene que ver con la dificultad para colaborar, un detalle que denota falta de comunicación entre los diferentes actores que intervienen en la cadena o que no cuentan con las herramientas adecuadas para comunicarse entre sí.

En tercer lugar, si existen dificultades para crear nuevos indicadores, en el futuro habrá problemas para medir resultados y, como consecuencia, para tomar decisiones sobre qué mejorar.

El cuarto síntoma es la dificultad para anticipar el impacto de las medidas que se toman sobre la gestión estratégica de la cadena de suministro, lo que se traduce después en una menor capacidad de respuesta ante situaciones de crisis.

El quinto rasgo de una mala gestión de la cadena de suministro es el uso descontrolado de los documentos Excel, un elemento que demuestra que no existe una gestión adecuada de los procesos.

La planificación como método para anticiparse

A continuación, en sexto lugar, se coloca como problema la falta de planificación, un elemento de crucial importancia en cadena de suministro cada vez más complejas y que, sin embargo, ayuda a ajustar la toma de decisiones y a planificar a gran velocidad.

 La falta de flexibilidad en el elemento más dinámico de cualquier empresa, como es su cadena de suministro, es indicativo de que algo no va bien.

El séptimo síntoma es el que se da cuando la planificación no tiene en cuenta el tiempo y el lugar en que debe ejecutarse. En este sentido, el estudio aboga por integrar las herramientas de optimización de inventarios en los modelos de planificación de la demanda.

El octavo elemento que indica una pobre gestión logística aparece cuando la planificación no se integra en la empresa a todos los niveles, tanto vertical, como horizontalmente, lo que se traduce en instrucciones contrarias que llevan a la inacción.

En noveno lugar se coloca la incapacidad para ejecutar la estrategia empresarial según las directrices trazadas. En este aspecto, la tecnología juega un papel importante para coordinar la constante evolución de la gestión logística con los objetivos de cada organización.

El décimo síntoma aparece cuando un uso demasiado rígido de las herramientas tecnológicas dificulta la necesaria flexibilidad que tiene que tener una cadena de suministro para adaptarse a los vaivenes del mercado.

En penúltimo lugar se coloca la incapacidad de la gestión logística para segmentarse y adecuarse a las necesidades de cada grupo de clientes manteniendo los objetivos empresariales fijados.

El último síntoma de una cadena de suministro enferma es la poca resiliencia de la planificación logistica, lo que se traduce en rigideces que impiden la competitividad empresarial, así como en una falta de capacidad para recuperarse ante situaciones de crisis.

En definitiva, todos estos síntomas reflejan una falta de flexibilidad en el elemento más dinámico de cualquier empresa: su cadena de suministro.