Como en cualquier actividad económica, los efectos de cualquier crisis se amortiguan durante un tiempo para, posteriormente, alargarse a medida que sus efectos expansivos se extienden.

En este sentido, la crisis sanitaria china ha visto cómo su impacto se ha diluido en cierto modo en las celebraciones del año nuevo, aunque su prolongación y su ampliación a otros países de todo el planeta empiezan a preocupar, porque parecen un explosivo de espoleta retardada que, aunque tarde, acabará por explotar.

Los efectos de la situación en uno de los principales centros productivos del mundo podrían empezar a verse a partir del próximo mes de mayo, cuando las multinacionales con proveedores en China podrían encontrarse de sopetón con los primeros síntomas de desabastecimiento, con las existencias agotadas y el ritmo de producción aún a medio gas, tras un largo período de inactividad que ya dura varias semanas y que parece que aún continuará, tal y como ha analizado algún directivo de una cadena comercial internacional recientemente.

En este sentido, la situación puede tornarse especialmente preocupante para el retail norteamericano, que se fabrica principalmente en China, debido también a que, ante un aumento de la demanda, podrían encarecerse los servicios de transporte, tanto de carga aérea, como por mar, al tiempo que se producirían cuellos de botella, ante la escasez de una cantidad suficiente de aviones y buques para la expedición de las mercancías necesarias para atender a los actuales niveles de consumo.

En este sentido, algunas fuentes internacionales reportan grandes cantidades de mercancías almacenadas en los principales puertos exportadores del gigante asiático, incluyendo cárnicos y otros perecederos, pendientes de salir hacia sus destinos finales, mientras que algunas navieras, como es el caso de CMA-CGM, no tendrá plena capacidad operativa en China hasta primeros de marzo.