Planta de Yamaha en Palau-solità i Plegamans, Barcelona

La compañía aragonesa acordó a principios del mes de febrero la compra de la fábrica catalana y de sus activos, en un proyecto en el que cuenta con el apoyo de Seat, tras conseguir el apoyo de los sindicatos, poniendo fin a más de un año de incertidumbre, cuando la multinacional japonesa anunció su intención de trasladar la producción a la fábrica de Saint-Quentin, en Francia.

El Grupo Sesé, especializado en logística y servicios industriales para la automoción, se comprometió a iniciar el nuevo proyecto industrial a partir de primeros de abril y también aceptó asumir la totalidad de la plantilla de Yamaha, menos en los casos de bajas voluntarias que finalmente se han cifrado en 100 trabajadores, con lo que la plantilla se queda en 270 empleados.

Para los trabajadores que han optado por la baja voluntaria, el acuerdo de traspaso garantiza una indemnización de 80 días netos por año, con un máximo de 42 mensualidades y una cuantía máxima neta de 90.000 €, más una suma lineal de 8.000 €.

En cuanto a los empleados que pasan a trabajar con Sesé, la indemnización es de 55 días netos por año, con un máximo de 42 mensualidades y una cuantía máxima neta de 80.000 €, más una suma lineal de 4.000 €. Estos 270 trabajadores que continúan, deberán empezar un proceso de formación, ya que pasarán de fabricar motocicletas a producir componentes para el sector de la automoción.

Yamaha se comprometió a apoyar el arranque de la nueva actividad, de modo que desde la planta se seguirán pintando piezas de plástico durante los próximos tres años para la empresa japonesa, y gestionará el aprovisionamiento, control de calidad y secuenciación de piezas de proveedores locales para el grupo Yamaha.

Por otra parte, el proyecto de Sesé pasa por ofrecer servicios industriales a través de la creación de un hub de pre-montajes, control de calidad y secuenciación de distintas piezas de proveedores del sector de la automoción.

Sesé valora el conocimiento y la experiencia de la plantilla en procesos de montaje y pre-montaje y asigna un valor estratégico a las instalaciones, ya que le permitirán acelerar la transición hacia servicios industriales de mayor valor añadido.