Es costumbre de lo que últimamente se viene en llamar clase política el aplaudir algo que sale bien (fundamentalmente por el buen trabajo de otros, incluido el propio aparato de la Administración), para, a continuación, atribuirse también gran parte de un mérito que en realidad no les corresponde más que de refilón.

Precisamente en este mismo sentido, el Director General de Tráfico, Pere Navarro, ha remitido recientemente una carta al Comité Nacional de Transporte por Carretera para transmitir su agradecimiento por el buen funcionamiento del operativo para la gestión del tráfico durante la cumbre del G7 celebrada en la localidad vascofrancesa de Biarritz a finales de agosto.

Sin embargo, en su misiva, Navarro también señala, como refiere Fenadismer, que “a pesar de los inconvenientes ocasionados, entre todos hemos podido minimizar los efectos en vuestra actividad en los desplazamientos por carretera”, pese a las largas colas que se produjeron esos días en el paso fronterizo de Irún, los rodeos que tuvieron que dar muchos camiones para evitar perjuicios y los trastornos que se produjeron esos días en muchos de los circuitos que tienen establecidos las empresas de transporte internacional, amén de las pérdidas económicas calculadas en su momento por diferentes organizaciones empresariales.