El mercado europeo de transporte de mercancías ha entrado en el 2026 en una etapa más compleja y exigente. La desaceleración detectada a finales de otoño de 2025 no ha derivado ni en una recesión clara ni en una recuperación sólida, y en su lugar, el sector se ha asentado en un escenario de volatilidad persistente, que ya no puede considerarse coyuntural.
La actividad manufacturera en la eurozona continúa moviéndose en el umbral entre la expansión y la contracción, mientras que la demanda de transporte sigue siendo irregular y extremadamente sensible a los cambios a corto plazo. Sin embargo, a diferencia de ciclos anteriores, la oferta de capacidad permanece estructuralmente limitada, según explican desde Girteka.
El resultado es una demanda contenida que convive con un mercado incapaz de absorber picos repentinos de volumen por la falta de camiones disponibles. Esto, en cualquier caso, no responde a un único factor, sino que es el resultado de un ajuste prolongado iniciado tras la pandemia y agravado durante la desaceleración de 2023 y 2024.
Una escasez construida a lo largo de los años
En ese periodo, las quiebras en el sector europeo del transporte y el almacenamiento aumentaron en torno a un 180% respecto a los niveles históricos, eliminando de forma permanente a muchos pequeños y medianos transportistas. Además, muchos operadores redujeron flotas, aplazaron inversiones o abandonaron completamente el mercado, haciendo desaparecer el tradicional “colchón” de capacidad excedente.
A diferencia de la demanda, la capacidad no se está recuperando con rapidez, pues los transportistas se muestran reticentes a invertir en nuevos vehículos ante el aumento de los costes regulatorios y la incertidumbre normativa, con nuevos peajes, obligaciones de reporte y normas transfronterizas que aún se están definiendo.
En este sentido, desde Girteka aclaran que incluso cuando la demanda se enfría, el mercado ya no dispone de camiones suficientes para absorber las fluctuaciones, lo que explica por qué las tarifas spot no se desploman como en el pasado. A ello se suma el grave déficit de conductores, que alcanzó las 426.000 vacantes sin cubrir en Europa en 2024 y continúa creciendo.
La volatilidad como rasgo estructural
La fragilidad macroeconómica, los costes energéticos y el endurecimiento regulatorio están redefiniendo el mercado. Por ejemplo, aunque los precios del diésel son más estables que durante la crisis energética de 2022, las tensiones geopolíticas siguen traduciéndose rápidamente en fluctuaciones y en dificultades de planificación.
Al mismo tiempo, se está generando una inflación regulatoria, impulsada por el aumento de los peajes basados en las emisiones de CO₂ en Alemania, la próxima entrada en servicio en Países Bajos de un sistema de tarificación basado en la distancia, y los peajes y sistemas de pago por uso, que ya no suponen un coste marginal.
De hecho, representan hasta el 14% de los costes totales del transporte en mercados clave, llegando incluso al 23% en determinados trayectos individuales. Además, los fenómenos climáticos extremos añaden una capa adicional de imprevisibilidad operativa.
Por todo ello, las empresas están apostando ahora por contratos a largo plazo para asegurarse la disponibilidad de capacidad, combinados con una digitalización avanzada y modelos de precios más flexibles. En el caso de los cargadores, el foco se ha desplazado del coste inmediato hacia la gestión del riesgo y la continuidad operativa.
La mayoría de los indicadores apuntan a una recuperación lenta y constante, pero con mayor complejidad. Los costes normativos, el reporte de las emisiones, los nuevos sistemas de peaje y los requisitos ESG influirán cada vez más en la disponibilidad de capacidad y en los precios.
Las empresas que retrasen su adaptación corren el riesgo de verse expuestas a repentinas crisis de costes o a déficits de capacidad. De hecho, el éxito en 2026 dependerá de la capacidad de integrar las señales macroeconómicas, la transformación normativa y la disrupción medioambiental.
Las redes logísticas construidas únicamente en torno a la optimización de costes están cada vez más expuestas, mientras que las empresas que inviertan en asociaciones a largo plazo, en una planificación basada en datos y en un diseño de redes adaptable estarán mejor posicionadas.En un mercado marcado por la volatilidad y la escasez de capacidad, la resiliencia se ha convertido en un auténtico factor de competitividad.