Desde hace unos años, conceptos como sostenibilidad, calidad del aire, Zonas de Bajas Emisiones, Vehículos de Energías alternativas, Etiquetado Ambiental, Transición Ecológica,… se han incorporado a la terminología logística, por los requerimientos normativos que se están extendiendo como consecuencia de los compromisos para la reducción del impacto ambiental y en los que las actividades logísticas y de transporte son protagonistas en el ámbito urbano.

La sostenibilidad en las actividades logísticas ha sido foco de estudios, pilotos, foros y debates a la hora de plantear soluciones que consigan este objetivo, sin mermar el servicio al cliente y sobre todo otro la rentabilidad económica. Todo este proceso ha llevado a un diagnóstico bastante consensuado, que debemos tener muy en cuenta para encontrar el conjunto de medidas y soluciones que aborden la problemática de una manera efectiva.

Este camino nos ha llevado a confirmar la falta de conocimiento por parte de las administraciones sobre la casuística del reparto urbano, una competencia sobre movilidad urbana delegada a nivel municipal con mucha heterogeneidad de ordenanzas y criterios, falta de planificación y de espacios e infraestructuras en el ámbito urbano para las actividades logísticas, falta de concienciación general sobre el impacto ambiental y de congestión de las nuevas prácticas de consumo.

A esto hay que sumar unas flotas de vehículos envejecidas y en muchos casos sin alternativa real de vehículos sostenibles con multitud de agentes realizando actividades logísticas y de reparto urbano sin ninguna coordinación ni compartición de recursos entre ellos que promuevan la colaboración, en un contexto de crecimiento de las actividades comerciales que requieren entregas urbanas, acentuado por el e-commerce, en ciudades ya muy congestionadas.

Es necesario de un cambio de paradigma para pasar de una logística urbana que se adapta a la ciudad a ciudades que se adaptan a las actividades cotidianas realizadas de manera mas eficiente y sostenible.

Hasta ahora muchas de las soluciones que se están planteando y promocionando, especialmente desde la administración, no abordan la problemática en su totalidad, al centrarse en un transporte más sostenible, que ni está al alcance de todos los agentes ni soluciona el problema de la congestión.

Es evidente por tanto que la solución ha de venir de la “logística” y no solo del “transporte”, con medidas basadas en el diseño de la red de distribución urbana, la planificación de actividades y la colaboración entre los agentes. La conclusión es que no sólo los actores logísticos y sus clientes son quienes deben poner en marcha iniciativas sostenibles, sino que han de involucrarse las administraciones, y la sociedad en su conjunto, trabajando de manera conjunta en pos de soluciones que favorezcan la colaboración.

Plantear un nuevo modelo “logístico” o de “ciudad” podría dar respuesta a la necesidad de adaptarnos a una logística más capilarizada y también más sostenible. Parece claro que la digitalización y el desarrollo de infraestructuras supone un paso previo y necesario para trabajar en un entorno más colaborativo y eficiente y que fomente el uso compartido de recursos de consolidación, almacenamiento y transporte. P

ero la experiencia nos dice que esto no sucederá hasta el momento en el que se definan y acepten de manera generalizada por quienes participan en las actividades logísticas y de transporte, los estándares, plataformas, protocolos de comunicación, modelo de gobernanza y de propiedad que imponga éste nuevo modelo.

Cuando todos tengamos claro la necesidad de un cambio de paradigma para pasar de una logística urbana que se adapta a la ciudad a ciudades que se adaptan a las actividades cotidianas realizadas de manera mas eficiente y sostenible, será el momento en el que todos los agentes implicados trabajemos en buscar ese gran consenso necesario para hacer posible el cambio y que debería basarse en modelos efectivos colaboración público-privada.