La logística es la gran protagonista del crecimiento económico. Desde que estallase la pandemia, las empresas y profesionales de nuestro sector han demostrado su excelencia y capacidad de adaptación, teniendo que replanificar de forma casi constante sus operaciones con el fin de garantizar la cadena de suministro ante la incertidumbre permanente.

En un contexto en el que la presión inflacionista es insoportable y las previsiones de crecimiento no dejan de revisarse a la baja por la caída del consumo, nuestro sector crece y genera empleo. Las empresas del transporte y la logística son las segundas con mayor avance de la contratación durante el primer cuatrimestre de este año, más de un 7,5%, y ya rozamos el millón de afiliados.

El dato no es casualidad. Es más, no hemos dejado de crecer desde que el Covid irrumpiese en nuestras vidas debido, en buena parte, al crecimiento del comercio electrónico que supuso el empujón definitivo para que nuestras empresas acelerasen el proceso de transformación digital en el que ya estaban inmersas. Así, hemos pasado de commodity a ser valor añadido. Los productos cada vez se parecen más, así que la ventaja competitiva es la garantía de la entrega y la experiencia de recepción

Es precisamente esta metamorfosis la que está permitiendo afrontar con éxito la actual situación de colapso en el puerto de Shanghái – el de mayor tráfico del mundo-  cuya actividad está en mínimos históricos. Una parálisis que se está trasladando a los precios de los contenedores y, por ende, a la cuenta de resultados de nuestras empresas.

Nos encontramos, por tanto, dentro de una tormenta perfecta que genera un cambio de paradigma. La globalización es un hecho y sería injustificable dar marcha atrás en materia de comercio internacional, pero si queremos consolidar el sector logístico como motor de crecimiento debemos replantearnos las operativas. Las grandes tiradas de producción desde China han perdido el sentido en un momento en el que los consumidores requieren customización de los productos, junto con agilidad y eficiencia en las entregas. Por lo tanto, asistiremos a un proceso de relocalización de las industrias más cerca de donde se ubica la demanda y contar con buen posicionamiento geoestratégico junto con una potente infraestructura es clave. Por eso España puede ser un gran hub mundial logístico.

La logística ha pasado de ser una commodity a ser valor añadido”

Tenemos todos los mimbres para ello. Por este motivo, la política económica debe partir de la premisa de rebajar la presión fiscal a las empresas, para que podamos seguir generando riqueza y empleo, innovando en los procesos y avanzando en la transformación digital. Sólo de este modo conseguiremos que la logística y otros sectores productivos continúen siendo el gran valor añadido que necesita la economía española.