Más allá de cualquier consideración sobre su profundidad o su duración, lo cierto es que la pandemia por el Covid-19 dejará su huella en la gestión de las cadenas de suministro, especialmente en aquellas más alargadas y complejas, que, a la par, han sido las más expuestas al impacto de la crisis sanitaria.

La pandemia ha hecho que la humanidad haya tenido que volver a enfrentarse a un riesgo global de salud. Lo cierto es que los medios de que se disponen actualmente y la capacidad de gestión ha agilizado una respuesta que, pese a su rapidez, ha sido heterogénea y que se ha focalizado en los países más ricos, dejando de lado a los más pobres.

Esta situación ha sacado a la luz la importancia que tiene la gestión de los riesgos en la gestión logística.

Si hasta ahora esos riesgos se circunscribían a amenazas en el ámbito de las comunicaciones electrónicas o de posibles atentados terroristas, un coronavirus de origen incierto ha servido para poner en jaque múltiples cadenas de suministro globales, dejando al descubierto un flanco que hasta ahora se había olvidado y que, sin embargo, puede tener alcance global y especial intensidad, como ha quedado demostrado.

Tras el primer impacto de la pandemia, la escasez de algunos componentes ha impedido que se retomaran niveles de producción similares a los de 2019, aunque la demanda tampoco tira.”

Esta simple constatación de que las amenazas físicas son tan importantes (y reales) como las cibernéticas arroja toda una serie de consecuencias sobre la gestión de la cadena de suministro.

En concreto, según Deloitte, el camino para superar esta situación implica:

Poner en práctica procesos dinámicos de planificación de ventas y operaciones.
Respaldar la gestión de las limitaciones de la cadena de suministro, de extremo a extremo para identificar de forma activa cuellos de botella.
Mejorar las capacidades de despliegue de inventarios dinámicos.
Asegurar la capacidad logística, considerando rutas y modos alternativos de entrada y salida de los mercados afectados.
Revisar los costes y las implicaciones de los acuerdos de suministro para adaptarse a los nuevos márgenes.
Mejorar la visibilidad de la red de suministros, abriendo la posibilidad a una toma de decisiones más eficiente.
Optimizar las fuentes alternativas de suministros, para evitar que se produzca, en la medida de lo posible, cualquier estrangulamiento en los suministros.

La logística de automoción parece dirigirse hacia un mayor control de riesgos a través de sistemas de visibilidad integrales.

El caso de la cadena de suministro de automoción

En el ámbito de la logística de automoción, el impacto de la crisis sanitaria ha sido de gran calado, dado que es un mercado extraordinariamente internacionalizado y con cadenas de suministro muy complejas y alargadas.

Además, hay que tener en cuenta que para la producción de un automóvil se requieren multitud de piezas y componentes llegados de muy diversos proveedores, y también de diferentes procedencias del planeta, aunque con un destacado predominio de los países del sureste asiático.

Así pues, en el caso de España, según KPMG, por razones logísticas y de tiempos, una parte significativa de los proveedores de componentes y piezas de las fábricas del país están emplazados en ámbito local o en países de nuestro entorno, mientras que para aquellas piezas abastecidas desde mercados más lejanos suelen disponer de stocks más amplios (equivalente a entre cinco y seis semanas), pero que tampoco comprometan con demasiado capital inmovilizado.

Estos tiempos han permitido reaccionar ante el primer impacto de la crisis sanitaria y resolver las tensiones que en un primer momento se pudieron producir en algún fabricante ante el desabastecimiento puntual de alguna pieza o componente con agilidad a través de trasportes alternativos más rápidos o con la búsqueda de otros proveedores de ámbito más local.

Los Estados Unidos y la Unión Europea apuestan por un mayor control de cadenas de suministro críticas para evitar desabastecimientos y roturas”.

Sin embargo, el confinamiento de cuatro municipios barceloneses con una gran cantidad de proveedores han impactado con fuerza en las cadenas de suministro.

El paso de los meses ha permitido ir recuperando producción, aunque sin alcanzar la normalidad anterior a la crisis, sobre todo debido a que la demanda no ha alcanzado en ningún momento los niveles que se registraban en los principales mercados hasta febrero del pasado 2020.

De hecho, las cifras de matriculaciones de Europa reflejan que en la primera mitad de 2021 se han alcanzado los 5,4 millones de unidades, un millón y medio por debajo de los datos existentes antes de la pandemia, pese los incrementos que se han registrado en los principales mercads del continente.

La cadena de suministro de automoción está muy expuesta al riesgo por su alto grado de complejidad e internacionalización.

La escasez de componenes electrónicos

Así pues, tras el primer impacto y la consiguiente recuperación, la escasez de componentes electrónicos y de otras piezas, especialmente del caucho para la fabricación de neumáticos, están alargando la crisis de un sector especialmente golpeado.

Este impacto de larga duración está introduciendo tendencias que parecen ir modificando el esquema de flujo tenso con el que han venido trabajando las cadenas de suministro en los últimos años.

A la gestión de riesgos se incorpora una tendencia hacia la relocalización de proveedores en los países de origen de las principales marcas o en sus áreas de influencia.

De igual modo, esta tendencia se manifiesta en la creciente pujanza que están registrando otras nuevas zonas de producción, como pueda ser los casos de Marruecos o México.

En esta misma línea, parece que existe una clara voluntad política para intentar controlar las cadenas de suministro con la intención de evitar las roturas que se han producido durante la pandemia y debido a la escasez de componentes y materias primas.

Los Estados Unidos han sido los primeros en intentar devolver al país algunas de sus cadenas de suministro más críticas, como es el caso de la electrónica.

De igual manera, la Unión Europea también parece ir por ese camino y busca que en suelo europeo se alcance un 20% de la producción mundial de procesadores para 2030.

Finalmente, la logística de automoción también se mueve hacia soluciones intermodales con tiempos de tránsito previsibles y una mayor visibilidad para facilitar cadenas de suministro ágiles y resilientes, con un alto grado de automatización para potenciar la rentabilidad. l