Si bien las empresas del sector industrial solían producir los mismos productos en grandes series durante varios meses o incluso años, ahora tres tendencias les están obligando a rediseñar sus procesos de producción para hacerlos más flexibles: la demanda cada vez más importante de personalización de los productos y servicios asociados (varias combinaciones de accesorios, opciones y equipos posibles para un mismo modelo de vehículo; envases específicos de un producto o de varios productos para un distribuidor, por ejemplo), la reducción del ciclo de vida de los productos y el fuerte desarrollo de los ‘marketplaces‘.

En este último caso, las empresas del sector industrial envían los productos directamente a su cliente final, que es cada vez más exigente, en particular por lo que se refiere a los plazos de entrega.

En un contexto así, las fábricas cada vez deben hacer más malabarismos entre una logística en masa y una logística al detalle: ahora procesan flujos B2B y B2C, preparaciones en palets o en paquetes, y envíos tanto a casa del consumidor como a su red de distribución física. Además, cada vez están más conectadas. Por citar solo un ejemplo, ya es posible informar a la fábrica en tiempo real sobre un posible retraso en el abastecimiento de materias primas o componentes.

La nueva función de la fábrica: un centro logístico por optimizar

La fábrica no es, por lo tanto, un simple sitio de producción. Se convierte en un punto logístico cuyos procesos deben optimizarse. Eso, en la mayor parte de los casos, supone el despliegue de un software de gestión de almacén.

El SGA permitirá gestionar con mayor precisión los flujos logísticos, al principio o al final de las líneas de producción: reabastecimiento a lo largo de la línea en el momento justo mediante llamada al operador o gracias a un umbral automatizado, ajustes a medida que se reciben nuevas órdenes de fabricación, consideración de las existencias de componentes y productos semiacabados procedentes del sistema de ejecución de fabricación, ‘kittings‘ sucesivos para optimizar las operaciones de montaje previo, reincorporación en producción de los rechazos por defecto de fabricación, reincorporación en existencias al final de la línea de producción, optimizaciones de las entregas en función de los flujos B2B o B2C, etc.

Así mismo, además de la automatización de las cadenas de producción, la fábrica-almacén también está robotizada para abordar los aspectos logísticos, con sistemas de mecanización de la carga y la descarga de mercancías mediante una línea de recepción o envío, cintas inteligentes o vehículos sin conductor a fin de automatizar los abastecimientos en extremo de línea o los reabastecimientos de zona de ‘kitting‘ en extremo de línea, o incluso sistemas ‘pick-to-light‘ y ‘put-to-light‘ que guían los componentes o las bandejas hacia la línea de producción.

Eso sin contar las soluciones IoT desplegadas en determinadas empresas del sector industrial que permiten señalar y hacer el seguimiento en tiempo real de las incidencias que se producen en la fábrica. En ese sentido, los SGA ya han demostrado su eficacia en los grandes almacenes logísticos para controlar simultáneamente los distintos sistemas (SCA, autómatas, robots, cobots, etc.) y han demostrado estar perfectamente adaptados en un contexto industrial para coordinar las operaciones logísticas.

Trazabilidad reforzada para proteger la marca

Además, una mejor gestión logística aporta a las empresas del sector industrial trazabilidad de los flujos y capacidad para retirar los productos indispensables cuando se sirve directamente al gran público, al ser tan importante la velocidad de reacción de las empresas del sector industrial durante los procedimientos de retirada del mercado de productos o lotes en caso de sospecha o detección de una disconformidad.

Con un control más preciso de los procesos intralogísticos, la fábrica-almacén es capaz de abordar simultáneamente la producción en masa y al detalle, respetando las limitaciones de costes, calidad y plazos que impone el comercio electrónico. Brinda a las empresas del sector industrial una ventaja competitiva sin tener que realizar inversiones importantes en nuevas infraestructuras logísticas.

No obstante, aunque la integración de la fábrica en la cadena de suministro omnicanal es imprescindible para mejorar la productividad y aprovechar las oportunidades que ofrece el comercio electrónico, no deja de plantear riesgos. Porque una apertura significa también compartir más información, desde los proveedores de materias primas hasta el cliente final.

Esto significa que las empresas del sector industrial deben operar con prudencia para proteger sus secretos de fabricación y conservar su independencia industrial. La protección, la localización y el dominio de los datos deben ser, por lo tanto, el corolario imprescindible de la apertura, a través de nubes propias o, como mínimo, independientes que ofrezcan los máximos niveles de seguridad.

 

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