El comercio eletrónico parece estar vadeando la crisis sanitaria con solvencia y ganando una madurez que hasta ahora no tenía, que le ha permitido introducirse en productos en los que mantenía una cuota de mercado residual.

En este marco, muchos expertos estiman que las medidas de confinamiento de la población han implicado la aparición de dos factores que han facilitado el desarrollo de las entregas domiciliarias hasta alcanzar volúmenes similares a los de los picos estacionales que pueden registrarse durante el ‘Black Friday’ o el período navideño.

Por un lado, la situación ha favorecido las entregas exitosas debido a que la mayor parte de la población ha permanecido recluida en sus casas, algo que ha evitado los fallidos y reducido las devoluciones.

Por otro lado, como ha podido constatarse en un webinar celebrado por UNO esta misma semana, el confinamiento también ha eliminado tráfico de las zonas urbanas, circunstancia que ha facilitado la movilidad de los vehículos de entrega en todas las franjas horarias, con el consiguiente beneficio para una mejor gestión de las rutas.

Sin embargo, ambas circunstancias, la de que los destinatarios estén casi con toda seguridad en sus domicilios y la de que el tráfico urbano mantenga los bajos niveles actuales, desaparecerán a medida que se vaya recuperando la plena normalidad.

Así pues, la «nueva normalidad» podría marcar una nueva vuelta de tuerca en la evolución del comercio electrónico, con un impulso para puntos de conveniencia y entregas en consignas, como alternativas cada vez más factibles y creíbles frente a unos envíos domiciliarios con unos costes que también podrían revisarse, en función de los tiempos de entrega.