Un vehículo no es un dispositivo electrónico cuya amortización se realiza en meses. En este contexto, las empresas de transporte y distribución necesitan un marco sólido para poder afrontar inversiones que les permitan renovar flotas para adaptarse a las cada vez más exigentes regulaciones medioambientales.

En este sentido, como ha afirmado Fernando Morales, director general de Eco Platform en el último Congreso Aecoc de Distribución Urbana, la legislación avanza más deprisa en materia de exigencias de emisiones contaminantes para los vehículos que la propia tecnología que utilizan estas mismas unidades.

Así pues, las principales empresas de distribución y paquetería se encuentran ante un cambio de modelo radical, pero, al mismo tiempo, se encuentran bloqueadas entre la falta de alternativas rentables entre los actuales vehículos híbridos y eléctricos para poder seguir trabajando y una normativa asfixiante que, para más inri, está sujeta al albur de los vaivenes políticos, con lo que hoy es válido, puede dejar de serlo tras las próximas elecciones municipales.

En este marco de actuación, para las empresas que tienen que afrontar renovaciones o ampliaciones de flota se plantea un panorama extraordinariamente complicado a la hora de decantarse por un tipo de vehículo concreto, tanto en lo que se refiere a su configuración de carga útil, como en lo que respecta a su tipología de motor.

Precisamente esta situación es la que está conduciendo a muchas empresas a utilizar herramientas como el renting o a acudir al mercado de usados para encontrar una vía intermedia que les permita ir tirando durante un par de años, a la espera de que se aclare el panorama.