Autónomos y pequeñas y medianas empresas del sector del transporte de vehículo terminado vienen observando un paulatino deterioro de sus condiciones de trabajo en los últimos años.

Esta situación aboca a estos transportistas que trabajan para los operadores del sector y los grandes flotistas a una situación insostenible que, a juicio de Transportave, asociación sectorial integrada en Fenadismer, «roza la indecencia y la esclavitud».

En concreto, los empresarios denuncian el, a su juicio, «auténtico desprecio para con sus proveedores de transporte», así como que «las instalaciones donde tiene que desarrollar su actividad los transportistas se encuentran en un estado lamentable en la mayoría de las zonas de carga, y sin tener en cuenta para nada en las necesidades de los conductores».

De igual modo, según su opinión, en la mayoría de los casos, los transportistas subcontratados son obligados a realizar tareas que exceden de su actividad profesional, ya que, denuncian, «no solo tienen que realizar la operación de carga del camión, sino también tienen que buscar los vehículos en toda la campa».

Además de su manipulación, según cuentan, también «son obligados a realizar un exhaustivo reconocimiento del vehículo y asumir aquellos daños o faltas que ya no solo se producen con la propia manipulación del vehículo, sino que, en infinidad de ocasiones son daños y faltas que por diferentes motivos su origen es anterior a la manipulación».

Esta práctica se extiende, según confirman, hasta el punto de que «se intenta que el conductor no tenga conocimiento» de los daños, «con el objetivo de que sea el transportista el que asuma el coste de la franquicia en su caso, y si no llega a la misma pues que asuma el coste de la reparación», denuncian.