En su imparable, y a veces errática, evolución, el comercio electrónico parece dirigir su mirada hacia el desarrollo de plataformas logísticas urbanas, de proximidad o de último toque.

Con estos inmuebles, las empresas de paquetería y los operadores logísticos buscan contar con establecimientos avanzados, céntricos y cerca de los destinatarios finales de los envíos, para, de este modo, mejorar su capilaridad, ganar flexibilidad y, en la medida de lo posible, reducir los costes de un servicio cuya sostenibilidad parece en duda desde hace ya un tiempo.

En respuesta a esta demanda de sus clientes, cada vez más promotores e inversores del sector inmologístico parecen interesarse por estas instalaciones ubicadas dentro de las ciudades, de pequeño tamaño, ya que concentran su actividad como almacén de alta rotación, y muy bien conectadas para facilitar la carga y descarga.

Parece que la idea se centra en aprovechar establecimientos comerciales infrautilizados o desocupados para utilizarlos como hubs urbanos en los que se concentrarían servicios de almacenamiento de alta rotación, consignas para la entrega y recogida de paquetería, punto de atención al cliente y base de reparto con vehículos sostenibles.

Por lo pronto, algunas empresas de paquetería ya cuentan con una red bien consolidada, como son los casos de Correos, Seur o DHL, estos dos últimos aún siguen desarrollando su presencia en nuevos entornos, mientras que empresas de gran distribución como El Corte Inglés también han empezado a experimentar para darle un nuevo uso a tiendas que no son rentables, como una nueva vuelta de tuerca al concepto de ‘dark store’ o trastienda.

El futuro de este modelo, al que ya se han lanzado diversas empresas del sector inmologístico, se juega en su capacidad para ofrecer productos adecuados a las necesidades logísticas a un precio ajustado para un sector de actividad que es muy sensible a los costes de suelo e instalaciones.