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Eliminar los aranceles entre ambas regiones podría conllevar un incremento del 20% en el comercio de la industria automotriz.

Recientemente, se ha producido la décima ronda de negociaciones entre los Estados Unidos y la Unión Europea para dar forma al Tratado de Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión (TTIP), que permitiría la libre circulación de capitales, establecería cuotas para la circulación de trabajadores, etc.

Así, según Acea que representa los intereses de los fabricantes de automóviles europeos, este acuerdo podría representar una oportunidad para la industria gracias a la eliminación de barreras regulatorias, a la vez que se mantienen las normas ambientales y de seguridad. De hecho, un estudio del Instituto Peterson de Economía Internacional señala que la supresión de las diferencias entre estas dos regiones «podría incrementar el comercio automotriz un 20% o más, con unos ingresos de 20.000 millones de dólares», alrededor de 18.066 millones de euros.

La industria estima que este aumento representaría más de 240.000 vehículos más comercializados al año, por valor de más de 9.000 millones de dólares (8.129 millones de euros), a la vez que generaría decenas de miles de puestos de trabajo.

La eliminación de los aranceles y el logro de una mayor convergencia reguladora también proporcionaría mayores posibilidades de elección a los consumidores, reducciones en los costes y mejora, en general, de la competitividad internacional de las industrias de automóviles estadounidenses y europeos.

El Consejo Americano de Políticas para la Industria Automotriz (AAPC), la Asociación Europa de Constructores de Automóviles (ACEA) y la Alianza de Fabricantes de Automóviles (Alianza) han mostrado su apoyo firme ante una oportunidad «ambiciosa» para el sector del automóvil con la que maximizar los beneficios para los consumidores y el crecimiento económico.

A tal fin, las asociaciones están apoyando los negociaciones del TTIP sobre la industria de la automoción a través de la participación coordinada con los negociadores de Estados Unidos y de la UE, así como mediante el apoyo a los informes y estudios que se utilizan en las conversaciones, como es el caso del estudio PIIE.