La Cámara de Representantes de Estados Unidos ha dado luz verde a la Ley de Reforma del Transporte Marítimo, que ahora será debatida en el Senado. Con ella, se pretende dar más poder a la Comisión Federal de Transporte Marítimo para tomar decisiones y aplicar sanciones ante posibles comportamientos anti-competitivos por parte de las navieras, que puedan afectar a los importadores, exportadores y retailers del país.

Esta es la primera gran actualización de la regulación que afecta a las navieras desde el año 1998 y exigirá que mantengan unos estándares mínimos de servicio. El objetivo es resolver los elevados niveles de congestión en los puertos estadounidenses, las disrupciones de la cadena logística y el crecimiento desorbitado de las tasas de carga.

Sin embargo, los representantes de la industria consideran que esta normativa empeorará la situación en lugar de resolverla. Así se han expresado desde el Consejo Mundial del Transporte Marítimo, que denuncia que la norma no se ha sometido al necesario debate y ha asegurado que las navieras comparten la frustración de los estamentos políticos sobre los desafíos actuales de la cadena de suministro.

El problema, en su opinión, es que esta Ley no está diseñada para arreglar los problemas de congestión de la cadena de suministro que está sufriendo el mundo y no lo conseguirá. Por eso, se ofrecen a seguir trabajando con el Congreso para encontrar soluciones reales que permitan reforzar el sistema de transporte marítimo que, como recuerda, ha respaldado a la economía estadounidense durante la pandemia.

 

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