Es ya la enésima apuesta de las administraciones españolas por un modo de transporte que siempre significó el futuro, pero que en este país no terminó nunca de cuajar, pese a las ingentes inyecciones de dinero público en un aparente pozo sin fondo.

Solo la alta velocidad ha generado cierto nivel de actividad en un medio que cuenta con el lastre de unas ineficiencias encostradas desde hace tiempo y un mercado preso de un esquema que, a priori, no favorece la competencia.

En este sentido, al albur de los fondos europeos para superar el impacto de la pandemia de coronavirus, el Gobierno planea destinar unos 5.700 millones de euros a revolucionar, según su propia terminología, este modo de transporte, en el marco de los fondos procedentes del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia.

La cantidad supone casi el 10% del total de estos fondos y se emplea, según el secretario General de Infraestructuras, Sergio Vázquez, como inversión que tiene una alta contribución a los objetivos del cambio climático y a la descarbonización del transporte

Para el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, el ferrocarril constituye una de las mejores armas para luchar contra el cambio climático y que implica un nuevo esfuerzo para mejorar las conexiones transfronterizas.

Así pues, en este ámbito el Departamento considera vital la coordinación con Francia y Portugal, para conseguir tiempos de viaje competitivos en los servicios de viajeros internacionales que hagan de estos viajes una forma de desplazarse competitiva.