La pandemia del Covid-19 ha supuesto cambios repentinos para el transporte de carga, que afectan a navieras y empresas de transporte por todo el mundo. Por ello, los expertos en consultoría de riesgos de Allianz Global han señalado diversas medidas que deberían ser tomadas en consideración por los propietarios de cargas a la hora de desarrollar planes de contingencia.

Aunque las directivas iniciales aprobadas por los gobiernos han incluido el transporte de carga entre las actividades esenciales, un gran número de empresas están cerrando. Sin embargo, las noticias del cierre no siempre llegan a los proveedores de transporte que se topan con la realidad de la suspensión de la actividad una vez llegado al destino previsto.

Este hecho puede dar lugar a un almacenamiento no previsto de la carga en zonas de alto riesgo que carecen de controles de seguridad ni medidas de protección, pudiendo ocasionarse daños a las mercancías perecederas o sensibles a cambios de temperatura. En los últimos cinco años, según la consultora, la causa más frecuente de siniestros en el sector naviero han sido las mercancías dañadas, incluyendo los contenedores.

De hecho, suponen más de la quinta parte de las 230.000 reclamaciones analizadas. Con la propagación del coronavirus, se han incrementado de modo significativo los riesgos para las cargas en almacén y en tránsito, pues los cierres y la ausencia de personal representan un mayor riesgo de robo e incendio, así como de daños por el mayor tiempo de almacenamiento.

Recomendaciones

En lo que se refiere al robo y la amenaza de delincuencia organizada, las empresas deberían reforzar la seguridad de los almacenes, además de considerar la posibilidad de evitar estancias prolongadas de camiones cargados en el exterior. Asimismo, dado que la pandemia puede causar una interrupción prolongada de las cadenas de suministro, las empresas deberían identificar capacidad alternativa de almacenamiento si los espacios ocupados no pueden seguir admitiendo carga de forma segura.

Por su parte, el cierre de fronteras, la demora en los despachos de aduanas o la misma falta de personal puede degenerar en mayores retrasos en los plazos de entrega o, incluso, en el abandono de cargas. Las empresas deberían planificar adecuadamente el transporte de carga y asegurarse de disponer de planes de contingencia para gestionar los cierres de última hora.

Cuando sea posible, deberían obtener, antes de iniciar la expedición, confirmación de que el destino final esté en condiciones de recibir la mercancía. También tendrían que identificar el volumen de carga en tránsito y obtener actualizaciones de la situación de los transportistas, buscando destinos alternativos si el previsto no puede recibir el envío.

Por otro lado, las empresas deberían considerar la posibilidad emplear camiones con tecnología GPS así como incorporar dispositivos de seguimiento basados en el Internet de las cosas para aumentar la visibilidad de los envíos. Por último, cuando sea posible tendrían que plantearse también la revisión de los requisitos para las mercancías perecederas y modificar el diseño de embalajes para garantizar que los planes puestos en marcha sean capaces de mantener la temperatura de los productos durante un mayor plazo.