Comisiones Obreras y UGT parecen tener bien enfilada a la actual dirección de Correos. Sus razones tendrán. Su última ofensiva se centra en los protocolos de salud para los trabajadores del operador postal público.

Según el criterio de las centrales sindicales, los gestores de Correos han cambiado esta misma semana las instrucciones de entrega de las notificaciones, burofax y telegramas, obligando a que el destinatario tenga que estampar su firma por dos veces, en el terminal PDA y en el resguardo de papel del acuse de recibo.

Para los sindicatos, «este cambio de operativa, determinado motu proprio por Correos, sin negociación alguna con los representantes de los trabajadores y sin que le obligue ninguna disposición legal o sanitaria, multiplica innecesariamente el riesgo de contagio de los trabajadores de reparto, que además se convertirán en un vector de transmisión de la enfermedad a la ciudadanía, al hacer firmar a un destinatario tras otro en el mismo terminal, y compartiendo bolígrafos».

De acuerdo con este criterio, esta modificación se ha implantado «de manera ilegal, al omitir la obligación legal de consultar a los trabajadores, a través de sus representantes, las decisiones organizativas que puedan afectar a la salud y seguridad de la plantilla».

Comisiones Obreras y UGT consideran esta situación un paso más en lo que tachan de «devaluación y precarización del empleo» en el operador postal.

Esta nueva trifulca se produce en pleno proceso de movilizaciones que impulsan los representantes de los trabajadores de Correos desde el pasado mes de abril y con las que pretenden evitar «un cambio de modelo de servicio público hacia otro logístico y de paquetería en el que prime solo la rentabilidad».