La elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos ha generado temor ante el posible inicio de una guerra comercial, especialmente tras el cumplimiento de algunas de sus promesas más polémicas, como la retirada del Acuerdo Transpacífico (TPP), según el último informe de Drewry.

Conviene destacar que Trump ha amenazado con imponer fuertes tarifas a la importación, a los fabricantes de automóviles que pretendan adquirir vehículos procedentes de México. Poco después, Ford ha cancelado sus planes para inaugurar una planta de 1.600 millones de dólares en Villa de Reyes, México, y ha anunciado que ampliará sus instalaciones de Michigan, EE.UU.

Desde la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte en 1994, México se ha convertido en uno de los principales productores de vehículos y componentes, por lo que fabricantes de todo el mundo, incluyendo Estados Unidos, se han trasladado allí.

Según las estadísticas de la Organización Internacional de Fabricantes de Automóviles (OICA), en 2015 se han fabricado 3,6 millones de unidades en el país, contando automóviles y vehículos comerciales, de los cuales tres cuartas partes han sido exportados.

Desde el 2000, la producción ha aumentado a un ritmo del 4,5% y el rápido crecimiento ha tenido el mismo impacto en el desarrollo de la industria de componentes, que ha doblado su valor desde 2009, superando los 85.000 millones de dólares (79.066 millones de euros) en 2015.

Es el mayor proveedor de vehículos para Estados Unidos, con unidades por valor de 47.300 millones de dólares (43.997 millones de euros) movidas en los primeros 11 meses de 2016, mientras que el mercado de piezas de automoción ha generado 51.600 millones de dólares (47.997 millones de euros) en el mismo periodo.

No se trata de un mercado unidireccional, ya que Estados Unidos exportará vehículos y piezas por valor de 30.000 millones de dólares (27.905 millones de euros) este año, siendo el segundo mercado para México, tan sólo por detrás de Canadá.

México ofrece un 10% de ahorro en la fabricación

El crecimiento del sector en México ha sido atribuido en ciertos sectores a su búsqueda incesante de acuerdos comerciales en todo el mundo, pero los análisis no tienen en cuenta si el negocio se ha desarrollado de esa manera para aprovecharse de una mano de obra muy productiva y peor pagada, ya que ofrece un 10% de ahorro en la fabricación de piezas respecto al país norteamericano.

Sin embargo, incluso con sus elevados costes y con menos FTAs, EE.UU no ha pasado desapercibido para los fabricantes. Desde que comenzó la crisis financiera global, la producción ha crecido un 16%, dos puntos por debajo de México, aunque el impulso para la recuperación no ha venido de los estadounidenses General Motors o Ford, sino de marcas como Toyota, Nissan o BMW.

Desde 2010 hasta 2015, los fabricantes no estadounidenses han incrementado su producción en Estados Unidos un 114%, mientras que GM y Ford han aumentado su actividad un 9%. Las cifras están ligeramente sesgadas debido a la reorganización de Chrysler, que ahora está bajo control extranjero.

Es evidente que el crecimiento mexicano no ha supuesto impedimentos para la producción estadounidense o la generación de empleos en el sector, que se han incrementado un 50% tras la recesión hasta casi un millón, muchos de ellos en compañías extranjeras.

Los americanos prefieren la producción extranjera

Los ataques de Trump al sector de la automoción y a México también distraen la atención de una de las principales razones por las que muchos vehículos no se fabrican en Estados Unidos, y es que los americanos prefieren las alternativas extranjeras.

Los fabricantes no estadounidenses alcanzan un 68% de las ventas de vehículos ligeros en el país en el último ejercicio, con 11,9 millones de unidades vendidas, lo que supone un crecimiento del 1%. Por contra, GM, Ford y Tesla han registrado una caída del 0,5%.

No parece suficiente para justificar la posición del presidente de que México está robando el trabajo en el sector de la automoción a los americanos o que su política comercial liberal sea la única razón para su tasa de crecimiento.

La consultora anticipa que Trump continuará mostrando su oposición a los FTA y no accederá a entrar en ningún acuerdo como el Tratado Transatlántico de Comercio e Inversiones, pero tampoco introducirá una nueva legislación que dañe su competitividad comercial y ponga el peligro los puestos de trabajo y los precios actuales. En este sentido, sólo será necesario un pequeño ajuste en las previsiones de contenedores.

El tamaño del mercado norteamericano hasta el momento ha sido suficiente para que los fabricantes de automoción siguieran invirtiendo en el país, pero podrían retirarse si una nueva regulación les empuja a ello.

Las previsiones de que China pueda reemplazar a Estados Unidos en el TTP apunta a que si Trump insiste en imponer barreras al comercio y elevadas tarifas, el resto de países tomarán represalias y sus exportaciones se verán afectadas.