En los últimos años, han ido creciendo de manera exponencial los intentos de intrusión a la zona de acceso restringido del puerto de Santander para introducirse en buques y mercancías con destino Reino Unido, según la Autoridad Portuaria.

Así mismo, los responsables del enclave cántabro estiman que esta práctica está generando importantes costes a los clientes de las líneas de ferris, cemento y ro-ro, lo que está poniendo en riesgo la continuidad de estos servicios.

Ante esta realidad, la Autoridad Portuaria de Santander ha realizado importantes inversiones para mejorar la situación, tales como nuevos cierres perimetrales de 4,5 metros de altura, sensores de movimiento, cámaras de vigilancia, nuevos controles de acceso y recintos de máxima seguridad.

Sin  embargo, este refuerzo de la seguridad no ha resultado suficiente, dado que la experiencia acumulada en la lucha contra los intrusos indica que la vigilancia y la entrada en servicio de las nuevas infraestructuras consistentes en vallados de protección son solo unas más de las medidas de control requeridas, debiendo ser complementadas con otros sistemas.

Así pues, durante el pasado mes de agosto se instalaron concertinas en lugares especialmente sensibles, tales como la ZAL o el Triángulo Sur. En ambos casos, se ha apreciado un desplazamiento del número de accesos hacia otros puntos del puerto, con lo que se manifiesta una cierta eficacia.

En consecuencia, los responsables del recinto santanderino consideran necesaria la contratación de un suministro de elementos anti-acceso que imposibilite o dificulte la entrada de intrusos en todo el perímetro sensible del puerto.

A estos efectos tienen previsto destinar un presupuesto base de licitación de 227.601 euros para el suministro de estos elementos anti-acceso perimetrales.