La crisis sanitaria está provocando toda una serie de complejos efectos que altera el normal funcionamiento del transporte marítimo internacional.

Por un lado, como explica el World Shipping Council, diversos grupos navieros están tomando medidas para mejorar la velocidad y la eficiencia del movimiento de carga, de tal modo que, aunque a mediados de enero normalmente comienzan las reducciones de capacidad anteriores las vacaciones del Año Nuevo Lunar chino, cuando las fábricas en Asia cierran, este año se está aprovechando para despejar volúmenes de Asia.

De igual modo, la pandemia ha afectado gravemente el acceso a contenedores y equipos, lo que obliga a las navieras a acelerar el reposicionamiento del exceso de contenedores vacíos, así como a la compra, arrendamiento, reparación y despacho de todos los contenedores disponibles, en un contexto de escasez.

En este mismo sentido, los retrasos en tierra tienen afectan a la capacidad de las navieras a la hora de ajustar los tiempos de atraque para la estiba y desestiba, así como para mover contenedores vacíos donde se necesiten.

Así mismo, en el último año, la demanda está superando a la oferta, lo que ejerce una presión al alza sobre los fletes, aunque también se espera que la oferta y la demanda tiendan a equilibrarse.

De igual manera, esta situación inesperada se produce en un marco en el que las navieras realizan planificaciones a partr de sus expectativas para los próximos 25 o 30 años, por lo que se requieren medidas en toda la cadena de suministro para eliminar cuellos de botella, mejorar la velocidad en el movimiento de contenedores y aumentar la transparencia.