Mientras la liebre dormitaba, la tortuga ganó la carrera.

Esta carrera es mortal y no podemos perderla. Primero hay que concentrarse en tener el máximo número de mascarillas porque nunca serán suficientes.

Cada una de estas indispensables mascarillas tiene un número tasado de usos tras los que se tienen que desechar. En España hay, grosso modo, en torno a 400.000 conductores profesionales que tienen que estar equipados sí o sí, cuanto antes.

Después corresponde a la Dirección General de Transporte Terrestre la responsabilidad en la distribución de las mascarillas, tal y como ha quedado legalmente establecido, y bastante trabajo tiene en estos momentos el equipo de Mercedes Gómez, como para añadirle una nueva escaramuza en la batalla que desde hace largo tiempo libran diferentes asociaciones.

Nadie debería intentar sacar partido de una situación de extrema necesidad.

A raíz de una información remitida por Fenadismer este pasado domingo relativa al reparto de mascarillas de protección para los transportistas a través de la red de Estaciones de Servicio de una petrolera, ha seguido una cruce con CETM de notas de prensa, con puntualizaciones, rectificaciones y reproches totalmente indeseable en estos momentos, que no ha servido más que para generar confusión entre el colectivo a quien van dirigidos estos elementos de protección.

Además, no lo olvidemos, los conductores también necesitan guantes y otros elementos de protección que precisamente en momentos como el actual son un factor crítico para garantizar su salud cuando más trabajo tienen. Conviene no olvidarlo, para centrarse en lo fundamental.