Si todos los vehículos diésel que circulan por Europa se sustituyeran por otros con motores de gasolina, podrían evitarse entre 7.500 y 8.000 muertes prematuras por diversas enfermedades, principalmente respiratorias y cardiovasculares.

Esa es una de las conclusiones de un estudio del Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicados de Austria, IIASA, en cooperación con el Instituto Meteorológico Noruego, la Universidad de Tecnología Chalmers de Suecia y el Centro de Coordinación para Efectos de Holanda.

La investigación revela que muchos países han subvencionado el diésel por considerar que sus emisiones contribuyen en menor grado al cambio climático e insta a las autoridades a «replantearse esa política«, dadas las evidencias de los efectos nocivos de los óxidos de nitrógeno, NOx.

Cada año, unas 10.000 muertes prematuras, 370 en España, pueden atribuirse a las emisiones NOx de los automóviles, furgonetas y vehículos comerciales ligeros de motores diésel. La mitad de esas muertes, es decir, unas 5.000, de las que 170 corresponden a España, se deben a que las emisiones son más altas que los valores límite establecidos.

En este sentido, el estudio alude al escándalo protagonizado por el Grupo Volkswagen al manipular los datos de las emisiones de sus modelos. No obstante, también confirma que aunque se cumplieran los límites, el diésel continuaría siendo claramente más perjudicial que la gasolina.

Italia, Alemania y Francia son los países que registran el mayor número de muertes prematuras atribuibles a las emisiones de motores diésel. España, a pesar de que este combustible supone el 70% de su parque de vehículos, está por debajo de la media de la región, con 0,8 muertes por cada 100.000 habitantes, frente a 1,9 en el total de la zona.

Esto se debe a la gran extensión geográfica del país, que facilita la dispersión de las partículas contaminantes, y su menor densidad demográfica.