El sector marítimo está enfrentándose en la actualidad a numerosos desafíos a nivel medioambiental, a pesar de que sigue siendo el modo de transporte más eficiente y su contribución a las emisiones globales de CO2 es bastante modesta en comparación con otros. El problema es que se prevé un incremento de este tipo de servicios en los próximos años, al mismo tiempo que otros sectores avanzan en la descarbonización, lo que obliga al transporte marítimo a poner también el foco en estas cuestiones.

Un informe realizado por Lloyd’s Register y la consultora UMAS ha evaluado los diferentes combustibles y tecnologías disponibles. El primer factor que se ha tenido en cuenta es la inversión necesaria. En el caso de la tecnología de baterías, su precio no es competitivo aún y es necesario un mayor desarrollo en términos de tamaño, peso y coste operativo para que su uso pueda generalizarse.

Probablemente no se utilicen a corto plazo en las rutas de larga distancia, pero podrán integrarse en buques que realicen otras más cortas. En lo que respecta a la tecnología de hidrógeno, tiene un elevado coste de almacenamiento y supone la pérdida de capacidad de los buques que la utilizan.

Actualmente, serían necesarias ciertas mejoras significativas para reducir los costes y resolver los problemas de almacenamiento a bordo si se quiere mejorar la competitividad del hidrógeno en comparación con otras opciones. En este sentido, los hidrocarburos necesitan menos espacio para proporcionar el mismo nivel de energía, por lo que resulta una mejor opción por el momento. 

Hasta el año 2030, los biocombustibles seguirán siendo más competitivos que el gas natural. Sin embargo, acabarán perdiendo poco después esa ventaja, tomando el gas natural la delantera durante un periodo de tiempo más largo, teniendo en cuenta que aún habrá que esperar bastante hasta que los precios de la electricidad renovable caigan a niveles competitivos.

También es necesario mencionar que los biocombustibles se pueden utilizar en mezclas, aunque esto no debería obstaculizar la búsqueda de una solución más eficiente a largo plazo. En este momento, los derivados del gas natural son los más rentables, después del amoniaco, aunque según los datos que maneja el informe la electricidad renovable sería la mejor opción a partir del 2040, o quizá antes en ciertas ubicaciones específicas.

Desarrollo de la tecnología

Desde una perspectiva tecnológica, es probable que los modelos completamente eléctricos sean tecnológicamente posibles en los próximos dos años, pero para asegurar la inversión futura, será necesaria una cadena de suministro que garantice la disponibilidad en el momento preciso y una adecuada infraestructura terrestre.

El metanol, el GNL y el diésel son tecnologías más maduras que el hidrógeno y el amoniaco, pues ya hay numerosos buques utilizándolas, pero en realidad la diferencia de la tecnología a bordo es mínima entre utilizar bio-metanol, e-metanol o metanol obtenido a partir de gas natural, por ejemplo.

La principal barrera técnica para los nuevos combustibles como el amoníaco y el hidrógeno es, por el momento, la infraestructura de almacenamiento y bunkering. Por tanto, es preciso que las autoridades colaboren con los fabricantes de equipos para impulsar estas tecnologías.

En este sentido, es importante también que los buques que se construyan sean lo suficientemente flexibles como para utilizar un determinado combustible pero poder ser adaptados para su uso con otras fuentes de energía.