El Gobierno ha tirado la piedra y ha escondido la mano con el transporte de mercancías.

En la presentación del plan para reanimar la industria automovilística española sí que estuvo presente un ministro de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana que, sin embargo, ha mandado a sus subalternos a asistir a la explosión cuya espoleta se activó precisamente en aquel momento.

Las 44 toneladas (y los 4,5 metros de alto) han actuado como casus belli para un sector humillado, ninguneado y postergado, pese a haber demostrado ser un sector esencial que, desde hace largo tiempo, arrastra con graves problemas estructurales que impiden su desarrollo.

Así pues, el presidente del Comité Nacional del Transporte, Carmelo González, ha presentado, a través de una carta dirigida al ministro Ábalos y entregada en mano un ultimátum al secretario de Estado, Pedro Saura, la secretaria de Estado, María José Rallo, y a la directora general, Mercedes Gómez, con anuncio de paro patronal para los próximos 27 y 28 de julio.

Apoyo casi unánime del sector

La convocatoria de movilización cuenta con el apoyo de un 97% del Comité, salvo UNO, que ya ha mostrado su oposición a la medida de presión, y va acompañada de la negativa del sector a participar en la mesa convocada por Ábalos entre el propio sector del transporte, de la logística y los cargadores, dado que, según González, la interlocución del transporte con sus clientes debe de ser directa y exclusivamente con participación de la Administración.

Ambas medidas quieren reclamar del Ejecutivo una solución definitiva a las diez propuestas realizadas por el Comité Nacional en febrero de este año y, entre las que se encuentra la necesidad de contar con la aquiesciencia del propio sector para introducir alguna medida en relación los pesos y dimensiones de los vehículos de transporte, algo que se ha incumplido.

Así mismo, en el ánimo del sector también ha pesado el caos registrado en las ITV tras el estado de alarma, problema que el transporte considera muy grave, para el que obtuvo de parte del Ministerio de Industria, una «respuesta insultante, fuera de lugar y que hace rebosar el vaso de la paciencia de este sector».

Por si estas circunstancias fueran pocas, además, pese a que el ministro se comprometió a dar una respuesta rápida a las peticiones planteadas en su último encuentro, el Comité no ha recibido ninguna señal de avance, por lo que González deduce que «el conflicto está servido y no lo hemos servido nosotros».

Frente a la situación, tanto Saura, como Rallo y Álvarez han recibido con extrañeza la convocatoria del Comité Nacional en las actuales circunstancias y no han comprometido ninguna respuesta del Departamento en relación con unas peticiones que sobrepasan en varios de sus aspectos su ámbito competencial.

En el aire quedan, por un lado, la duda sobre si este es un buen momento para proponer un paro patronal y, por otro, la capacidad de movilización en un escenario tan complejo y exigente como el actual.